Lied de marzo

Aparte de todo, eres tan luminosa que el cielo
te requiere con bastante frecuencia; no obstante,
la luz se complementa contigo para anegar
las rías y las represas del aire.
Aparte de todo, hueles a jazmín serenado,
a malva nocturna distante y discreta;
es tu encanto una cuenta del Boyero,
asterismo en el fulgor de Casiopea.
Aparte de todo, me das con tu piel
la gloria irrenunciable de saberme vivo;
eres el entorno de un sueño,
la sapiente vigilia de un árbol florecido.
Cuando vengan por mí y ya no pueda resistirme,
me aferraré a gritar el secreto tu nombre
para no desmayar en el afán de redimirte.
Cuando suenen las salvas en mi pecho,
brincará el dado de la suerte
anunciando el triunfo de una causa porque,
aparte de todo, mujer, contigo jamás habrá derrota.

Reclamo a Casiopea

¿Por qué no estás ahora que florece
la mies en mi dehesa
y el alma es un manantial
de aguas cantarinas
e inspiradas?
Sobre las acequias ateridas
por el desmayo de la luna
mi voz se debilita y las mariposas
del ensueño se aprestan a emigrar
cabalgando las alas de un aire disperso.
¿Por qué no estás aquí cuando la duna
del sol crece sin demora
en el espacio franco del jazmín
y el azar me provee de una hoja de oro
con tu sonrisa estampada en el anverso?
Por si llegara esa hoja hasta tus manos,
no la tomes en cuenta, no;
no te distraigas con mis versos
que ahora van de retirada.

Gris

Cuando los sueños se resisten
la vigilia es penosa; permean
sobre el alba los resabios
de la hora gris.
Habría que inquirirle
al viento por el puerto
donde almacena
sus arrestos de vacío;
habría que dejar de soñar.
No me recriminen
esta pauta pesarosa;
es que, como cualquiera,
estoy triste, esperando
una respuesta
que nunca llegará.
Escribo estos versos
y su agrado vacila
como el encanto
de una dudosa flor
de penumbras
y el dispendio
de una canción
en el atardecer de los olvidos.
Lo más recomendable es
encarecerle al mundo
los restos de la última
esperanza, él sabrá que hacer.
Ahora, a guardar silencio.

Festejo

Te festeja el mundo con mi voz ajada
Te festeja el viento con su don de brisa
Lo engalana el ave de trinar más dulce
Y la flor abierta de perfume intenso
Lo celebra el río que consiente al agua
Lo celebra el agua que acaricia al río
El aire a la hoja la hoja al rocío
El rocío a la luz y la luz a ti.
Ya flotan ensueños en mi lar florido
Todas las auroras van de amanecida
Pues saben que juntas podrán halagarte
En el día preciso a la hora justa.
No hay ave que trine sino es por lo mismo
No hay ola rompiendo sin ese motivo
De hoy en adelante serás el hechizo
Que embelesa el tiempo de la poesía.
Del verso al melisma del melisma al canto
Del canto a la vida y de la vida a ti.

Convite

El nombre que te nombra, nombra el mar, la cordillera;
es nube transitando con el viento
los silencios solemnes e infinitos;
es barca derivando sobre el mar
su velamen albo y altivo.
Tu nombre es aliento y certidumbre,
como el árbol de flores encendidas
que ufano lo detenta.
No hace falta decirlo ni saberlo
porque lo explica la voz del corazón.
Tu nombre, muchacha de mi lar florido,
es un festejo de carros alegóricos,
de frutas prodigadas
con el beso dulce de tu vida.

Sin pausa

Di si cuento contigo para de ahora en adelante y jamás ya solo
festejar el alba frente al mar desatado sobre la ribera azorada
porque el cielo volcado en aludes de estrellas celebró tu arribo
al espacio dónde la poesía es un pulso continuo de emociones
blandiendo el espejo bruñido que refleja tu imagen.
Di si ya entrados en materia podemos incluso amarnos
aunque no fuera en la forma tradicional de disputarse
los rigores del corazón y las seguras pertenencias del alma.
Di si puedo entrar a la noche intensa de tu pelo
sin necesidad de teñirme estas canas que ya se instalaron
empecinadamente en mi testa susceptible a la dureza del viento
En tanto lo piensas yo sigo cantando muchacha de mi lar florido
porque cantando nací y cantando moriré y es justo que lo sepas
soy más feliz por haberte conocido que por tener el oro que no tengo
y por querer los lauros que no quiero si algún día me faltara
el recuerdo de tu voz nunca escuchada pero que percibo ya
en los manantiales de esta emoción desbordándose
para sustentar al río sonoro que busca fusionarse con el mar.

Este domingo

Este domingo es un festejo
a pesar de las inevitables ausencias;
este domingo, muchacha de mi lar florido,
recuerda el sol de nuestra tierra
derramando su flor incandescente
sobre los campos de labranza.
Con la emoción de esa memoria
acércate a mi verso porque
hoy se ha despojado de todo
con el propósito de contener
únicamente tu sonrisa.
Este domingo es tan especial
que sus horas se dibujan
con aspectos de un mar
reflejado en la alta cúspide del cielo.
Este domingo es tan nuestro,
tan nuestro, muchacha de mi lar florido,
que se repetirá igual
cada vez que el alma lo requiera.

Belecrú

Para Badu Za

Las aves emigran hacia el sur con tus sueños a cuestas,
muchacha de mi lar florido. Alta, esbelta, así quiero soñarte
con el auspicio sereno de la cruz austral. Quiero presentirte
en la tremolina de los vientos de sal, para dejar testimonio
de mi estima por tus ojos, por tu vida que alimenta mi empeño.
Así como tú, quisiera volver a ese lugar dónde reina
un silencio encantado, para tocar con los dedos de un poema
la candidez de tu figura esbelta, y amarla, como amo
el recuerdo de una línea de palmeras disipando la bruma
al paso de las aves que emigran buscando afanosamente
la morada que, al sur, se viste con tus galas…

En el lugar de las flores

La flores de mi pueblo te extrañan.
A pesar de su color y su aroma
hay algo en ellas que se matiza de ausencia.
¿Qué hace este pueblo mío sin la rosa de tu vientre,
sin el lirio de tus labios?
Añora las mañanas tibias en que
los pétalos de la violeta de tus ojos
llenan con sus rumores
los afanes de la calle en que te busco.
Sin salir de mi estancia yo te busco,
porque tu andar se presiente
como en el cielo el vuelo de un ave,
como en el mar la alegría de los peces.
Cuando vuelvas mi polvosa limonaria
desprenderá un aroma nuevo,
de acentos nocturnos,
que se mantendrá en el aire
aún después del alba.
Cuando vuelvas, las flores
despejaran para ti el lugar
que mi corazón te ha destinado.

Danza eslava

Nadezhda, olvido decir lo que no debo
y por eso escribo tu nombre
cifrado en la ortografía de una hada
de los bosques árticos;
olvidar que lo escribo
para el reposo amargo
de los sueños rotos,
rescatando de la niebla
tu rostro feliz
casi oculto tras un árbol,
es un acto tan solemne
como mirar una estrella
como aspirar una rosa.
Pero no te conozco
ni tú sabes de mi,
a pesar de la música
y de los versos
que te consagran
en los espacios
ocluidos entre el horizonte
y la luna. No sabes. No sé.
Luego, somos una fantasía
que asciende en el coro
de las voces memorables.
Nadezhda, agito tu nombre
cerca de la brisa
y es un ave blanca
que hace comprensible el cielo;
lo decanto en el perfil de la umbría
y es un río sonoro
de lenguaje vivo y contundente.
Lo callo, y todo vuelve a su sitio:
los sueños a la gloria,
las flores del edén
al jardín más próximo,
y la vida a su cauce
de tristezas y alegrías.
Nadezhda, a manera de posdata,
concédeme el privilegio
de mirarme en tus ojos,
para volver a escribir tu nombre
cuantas veces sea necesario.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 33 seguidores