Hoy observé la luna (tan distante)
sobre un toldo que azul resplandecía;
una estrella cercana la seguía
con agudos destellos de diamante.
De repente bajó, por un instante,
a empaparse de azul mientras mecía
en las olas su blanca lejanía,
acosada por peces, zigzagueante.
De la estrella no puedo dar razón,
destelló y al caer se hundió en el mar,
o quizá se guardó en mi corazón
y a mi pecho lo deja iluminado,
con impulsos a son de navegar
en las aguas de un canto enamorado.
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